Inicio > Concurso Ricardo Ortega, Jornadas Internacionales de Periodismo > RICARDO ORTEGA, UN PERIODISTA EXCEPCIONAL

RICARDO ORTEGA, UN PERIODISTA EXCEPCIONAL


ricardo ortega 3Hoy me siento triste, profundamente triste. La intransigencia, el rencor, la violencia absurda y el azar –una bala que desgraciadamente encontró su blanco- nos arrebataron a Ricardo hace diez años en Haití. Él había ido por su cuenta a cubrir la situación de crisis desencadenada en aquel pequeño país caribeño. Llevaba dos semanas en la isla y ofreció sus crónicas a Antena 3 TV. Ésta es una de las últimas que envió.

A lo largo de los años he conocido a muchos tipos de periodistas. Los hay ambiciosos, capaces de llegar al fin del mundo para conseguir una buena historia. También los hay orgullosos, lúcidos, intrépidos, testarudos… Y luego están los buenos, los excelentes reporteros. Pero además, como si fueran una raza aparte, hay un puñado de periodistas elegidos por los dioses, que poseen un don especial y saben aprovecharlo. Ricardo era uno de éstos.

En 1994 empezó a trabajar como corresponsal para Antena 3 en Moscú. Olga Viza dirigía entonces el informativo de mediodía: “Cuando se produjo el asalto al parlamento ruso tuvimos que echar mano de Ricardo, y al ver su crónica nos quedamos prendados. Contaba las cosas de otro modo. Tenía la cabeza muy bien estructurada, usaba una construcción narrativa y una forma de hablar absolutamente natural. Te hacía un relato con todos los detalles, una fotografía apasionada de las cosas. Aquella crónica de apenas tres minutos nos dejó pegados a la pantalla. En ese momento nació un enorme periodista”

Durante los años noventa, Rusia vivió momentos históricos y casi a diario vimos a Ricardo informando sobre la política rusa, cubriendo las guerras de Chechenia, la tragedia nuclear en Chernobyl, lo que ocurría en Siberia, en Georgia o en cualquier punto de su geografía, como muestra este vídeo de Antena 3. José María Carrascal recuerda la impresión que le causó este joven periodista: “Enseguida nos dimos cuenta de que estábamos ante un corresponsal de gran calibre. No era el mero reportero que narraba los aspectos más espectaculares de la noticia. Sus reportajes sobre la guerra de Chechenia quedarán como ejemplo de precisión periodística y temblor humano”.

“¿Peligros? Claro que los vivió”, cuenta Charo, su madre. “Leíamos en prensa situaciones que él intentaba minimizar. En Chechenia, en Afganistán…  En el río con el helicóptero, en un campo de minas, amenazado por los haitianos… Siempre le quitaba hierro a esas situaciones y nos tranquilizaba”. Según el ex-corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Rafael Poch, Ricardo demostró que el buen periodista se afianza mediante “la curiosidad, el espíritu crítico y la inteligencia aplicada a las circunstancias”. Hoy, cuando Rusia y Ucrania son noticia en la actualidad internacional, ¡echamos tanto de menos a Ricardo…!

El testimonio de los colegas que acompañaron a Ricardo en Puerto Príncipe permite reconstruir aquel 7 de marzo fatídico. Juan Jesús Aznárez, enviado especial de El País, relataba: “Los tiradores que acribillaron la masiva manifestación contra el depuesto presidente Jean Bertrand Arístide utilizaron armas largas y, entre otros objetivos, apuntaron contra el grupo de corresponsales en el que se encontraba Ricardo Ortega” (…) “Al escucharse los primeros tiros, la gente huyó en todas las direcciones, pero Ricardo y otros corrieron hacia el lugar donde supuestamente había muerto el primer manifestante. Los atacantes acribillaban desde las alturas que dominan la explanada del Palacio Presidencial, custodiado por los marines. Atrapado por el fuego cruzado, Ricardo corrió a refugiarse a una casa. El tiroteo crecía en intensidad, y cuadrillas de chimeres se desplazaban como gatos por los tejados. “Ricardo y yo nos quedamos en el patio, porque no podíamos salir”, relató el fotógrafo alemán Marcel Mettelsiefen. Durante cerca de una hora angustiosa, los corresponsales permanecieron agazapados. Pero los ruidos escuchados en el exterior confundieron a Ricardo, que los creyó efectuados por la dotación de marines despachada por el embajador de EE. UU. Fatalmente salió a la calle. Sin chaleco antibalas, blanco fácil para asesinos que pudieron haber utilizado fusiles de mira telescópica, un balazo le atravesó el pecho y otro, el abdomen. El hospital Canape Vert, con su entrada anegada por la sangre de los heridos, lo recibió sin esperanzas de que una intervención de urgencia pudiera salvarle. No fue posible. En cuestión de minutos, entró en estado de shock. Le habían reventado órganos vitales y apenas podía hablar. Un fotógrafo de la agencia Efe, Marcos Delgado, escuchó sus últimas palabras: “Trabajo para Antena 3 TV y no puedo respirar”.

Como escribió Enric González, “Ricardo murió porque había ido a Haití en un momento de conflicto. Murió porque Antena3 lo enviaba a Madrid y él quería seguir en Nueva York. Murió porque sus crónicas desde Estados Unidos durante la guerra de Irak no gustaron al gobierno español de entonces. Murió porque se fue a Haití por su cuenta, con sus ahorros y su instinto. Murió porque, a diferencia de otros como yo, era incapaz de meterse en el hotel cuando empezaban los tiros. Murió porque se refugió con otras personas en un comercio mientras las balas barrían la calle y al cabo de un rato, cuando parecía que llegaban los americanos a salvarlo, fue Ricardo quien salió a comprobar si el peligro había pasado. Murió porque era como era. Murió porque tuvo mala suerte y lo mataron”.

En 2005, la ceremonia de entrega del Premio de la ONU a los mejores trabajos periodísticos que lleva su nombre, concluyó con estas palabras: “Ricardo Ortega vivió muchas vidas en menos de 40 años y fue un héroe sin pensar en ello ni un segundo. Inspiraba a quienes les faltaba experiencia. Era generoso y noble, y tenía un gran sentido del humor. Fue, en sentido amplio, un hombre de gran ingenio”. No le olvidaremos.

José Alberto García Avilés, profesor de Periodismo

Universidad Miguel Hernández de Elche

@jagaraviles

ricardo

[Facebook] [Twitter]

jueves, 6 de marzo de 2014